viernes, 21 de junio de 2013

SAGA ¿y si por una vez...?... no todo fallara...Prefacio...

La sala estaba llena hasta la bandera, y el juez que la presidía, estaba callado, sin inmutarse, esperando a que el testigo que la defensa había presentado, el presunto asesino confesara. Había dos abogados de la defensa, el que parecía tener más experiencia tamborileaba con los dedos tranquilamente encima de la mesa, pero había notado que en determinado momento, durante las preguntas incómodas dejaba de hacerlo; la otra letrada, por el contrario parecía que carecía de experiencia, o al menos no tenía experiencia en el arte del disimulo, no paraba de golpear nerviosamente el suelo con los tacones que llevaba.
Dirigí mi vista al acusado, estaba en la silla algo inquieto y miraba todo el rato a sus abogados defensores. El testigo que habíamos presentado antes había dado la vuelta al caso, un testigo presencial que había visto al acusado huir de la escena del crimen manchado de sangre no dejaba lugar a dudas. Había sido él, y que lo negara ante todos en la sala sólo hacía que mi trabajo fuese algo más entretenido.
Si ahora, cuando todas las pruebas apuntaban a él, se declaraba culpable, se le podría reducir en dos meses o como mucho en un año la condena, en caso contrario pediría la pena máxima y el jurado popular posiblemente se inclinaría a mi favor.
¾    Se lo vuelvo a preguntar, señor Muñoz, ¿mató usted o no a su esposa en un arrebato de celos?

En ese momento un estridente sonido se coló en la sala, un estridente sonido que me trajo a la realidad, eran las siete de la mañana y yo me tenía que ir a trabajar. 

sábado, 2 de marzo de 2013

El pasado... by MKS

El pasado... esa dura y pesada losa de la que, unos no se pueden olvidar por mucho que lo intenten; otros por el contrario no queremos, no queremos olvidar el pasado, nos hace lo que y cómo somos, y si nos olvidásemos de ella retrocederíamos a lugares a los que no queremos volver...

Lo peor no es no querer olvidar un pasado que nos ha fortalecido, sino no querer olvidar un pasado que cada vez que lo recordamos nos hace más y más daño, entonces la pregunta del millón es: ¿Por qué no olvidar? ¿Por qué no dejar de mirar atrás y seguir hacia delante?... La respuesta es muy sencilla... ¿Cómo nos sentiríamos si olvidásemos a alguien que nos ha hecho tanto daño, pero que al mismo tiempo ha sido co protagonista del mejor momento de nuestra vida?... Si se decide olvidar, se corre el riesgo de sentirse una traidora, una traidora no solo al propio recuerdo, sino también a la persona que no está con nosotros... en estos casos la memoria puede ser selectiva... pero ese mecanismo de protección que tiene nuestra mente no es suficiente para dejar de sufrir... Ghandi dijo una vez: Nuestras huellas dactilares no se borran de las vidas que tocamos, y yo añado: ni el recuerdo, ni el tiempo podrán hacer el olvido.

Cuando has querido mucho alguien, y ese alguien llega un momento que falta, se tiende a idealizarlo, sólo se recuerdan las cosas buenas, nunca las cosas malas. No recuerdas que se quedaba dormido cuando veíais una comedia romántica... o que un día te hizo esperar más de media hora...; sólo recuerdas lo bueno... los besos, las promesas, las citas, las palabras de amor susurradas al oído mientras nadie os veía... y eso en cierta medida también es malo, pero es un mecanismo selectivo de la mente, que es innato y no se puede modificar... Este es otro de los motivos de porque es tan difícil dejar el pasado atrás.

¿Pero qué ocurre cuando quieres seguir hacia delante? ¿Cuándo quieres enamorarte de nuevo?... ¿Cómo consigues dejar de pensar en las cosas que tu mente todavía recuerda y que tu corazón lleva grabado a fuego en su carne? ¿Cómo seguir adelante cuando crees que tus cicatrices han dejado de sangrar? Cuándo sientes que por fin todo a pasado y que harías todo lo posible por no ser la misma que se desgarra en dos en el mismo momento en que acecha un recuerdo anterior... Si la cabeza dice siguiente y el corazón está dividido... ¿No deberíamos hacerle caso a ambos? ¿No deberíamos dejar atrás el pasado? ¿No deberíamos dar los últimos puntos al corazón mal herido para que se restablezca por fin y finalmente continuar con nuestro camino?...

Yo aquí no doy respuestas, porque no las tengo, sólo tengo la certeza de que a partir de aquí cada día del resto de mí vida lucharé con uñas y dientes para salir adelante... para dejar de ser débil y triste y volver a ser feliz...

Con mis mejores apoyos y deseos...

MKS

sábado, 2 de febrero de 2013

LA LLAMA DE LA VIDA... Prefacio (by MKS)


La vida puede ser como la llama de una vela; puede moverse al son del aire que haya a su alrededor, o simplemente arrasar con todo lo que se acerca a ella, sin embargo la llama nos fascina y nos deslumbra, adornamos el exterior de la misma con cristales para ver sus colores, o las formas en las que con esos cristales la llama de la vela iluminará la estancia.

También el fuego que prende la vela puede cambiar de color, dependiendo de donde se halle el mismo la tonalidad es distinta… azul, rojo, naranja, verde… las posibilidades son infinitas, la vida puede tener infinitas posibilidades. El color de la llama podrá cambiar las veces que sea, pero seguirá siendo fuego, fuego que nos calienta y protege, fuego que ocultamos al furioso viento para evitar que se extinga, pero siempre fuego al fin y al cabo. Al igual que la llama, la vida puede cambiar de un momento a otro, podemos adornarla, mejorarla o incluso cambiarla por completo, pero seguirá siendo nuestra vida, una vida que nos gusta y que disfrutamos cada minuto de ella, hasta el momento en el que ella sola se extinga en un abrir y cerrar de ojos.

Y cuando esta se extingue los que antaño la hemos compartido y hemos gozado con su luz, lloramos la pérdida de la llama extinguida, al igual que se llora cuando una vida se acaba. 

MKS

martes, 29 de enero de 2013

SIN LIBERTAD... Capitulo 1 (by MKS)

Esa canción... El día más triste de mi vida me trajo a la memoria uno de los recuerdos más bonitos que conservaba... Aquella primera cita... Aquel prado... Aquel picnic... Y de pronto me vi allí, en ese prado, viviendo esa cita de nuevo, como si fuera la primera vez... El primer beso... Las primeras preguntas... El primer te quiero... En ese instante me di cuenta de que el nunca tuvo dudas de lo nuestro, supo que me quería, y aunque yo lo supe después... Siempre supe que nunca le olvidaría y que haría todo lo posible por conservar ese sentimiento. 
El vestido rojo que había elegido era bonito, era sexy, y era caro... Por lo que era perfecto para una primera cita. Con el pelo había tenido más problemas para decidirme, pero al final me decidí por alisármelo, lo que me daba una apariencia sexy y muy elegante, de acuerdo con el vestido.  No me había dicho a donde me llevaba, pero había dicho que era un lugar bonito e íntimo, por lo que supongo que será un restaurante caro con un reservado.  En medio de mi divagación sobre el posible restaurante al que me llevaría alguien llamó a la puerta.  
- ¿Puedo pasar? Era mi padre. No le había hablado a nadie de esta primera cita, sólo a Martina, que era mi mejor amiga. 
Yo sabía que a mi padre no le gustaría la idea de que saliera con alguien sola, por la calle, sobretodo con alguien que el no conociera o que no soliera acudir a sus fiestas, pero a pesar de todo adoraba a mi padre. 
- Adelante. 
Mi padre apareció por la puerta.  José Antonio de la Frontera siempre había sido una persona extremadamente elegante, y lo demostró una vez más. Mi padre era una persona de altura media alta, aproximadamente un metro setenta y cinco centímetros, y llevaba puesto un traje gris claro con una camisa azul cielo y chaleco del mismo color, estaba sin chaqueta y sin corbata, por lo que supuse que acababa de llegar de trabajar. Su pelo algo largo se estaba empezando a volver gris y había ciertas zonas de su cabeza en las que ya no había pelo, mi padre se peinaba hacia atrás, lo que no le favorecía, ya que dejaba al descubierto esas zonas sin pelo.  
- Estás preciosa Alicia, de verdad. Me acerqué a él y le di un beso en la mejilla. Los zapatos que llevaba puestos eran unos botines cerrados de piel de color negro que daban a todo el conjunto una apariencia sofisticada que no tenía por sí solo. 
- Tus amigas se van a morir de la envidia - esa era mi coartada para esta noche, una cena en un restaurante privado con amigas para celebrar las altas notas que había sacado - pero es lo que tiene ser una de la Frontera, todos se mueren de envidia. 
Me sonrió amablemente. Conocía a mi padre, le encantaba provocar la envidia de los demás, sobretodo si eso hacia que nuestro apellido subiera como la espuma, y aunque eso a mi no me gustaba, yo le perdonaba, era lo que siempre le habían enseñado, mi abuelo Francisco le había dado esa educación. 
La mejor casa, la mejor zona de Madrid, la mejor esposa, las mejores hijas, teníamos que ser mejores que los demás; y aunque sabía que el chico con el que había quedado esta noche no era lo que mi padre definiría: "El mejor novio del mundo", yo empezaba a sentir por él esas mariposas en el estómago, y ese nerviosismo que tantas veces había leído en los libros y que no creía que fuera posible en el mundo real.  
Él había sido tremendamente paciente conmigo. En el viaje del que acabábamos de volver, yo no había sido Alicia de la Frontera, hija de José Antonio de la Frontera; sino Alicia de la Frontera, la adolescente Alicia de la Frontera. Me había hecho sentir yo misma, no la hija de alguien, me había hecho ser importante por mi misma, independiente de como me apellidara.   
Miré al Rolex que colgaba de mi muñeca y vi que eran las ocho menos veinticinco, tenía que salir ya de casa, había quedado a menos diez en el lugar donde me tenía que recoger, en un restaurante caro cercano al club deportivo donde íbamos, ese era el sitio donde el chofer me tenía que dejar.  
Mi padre tan observador como siempre se dio cuenta de que iba con el tiempo justo. 
- Estás perfecta, no te preocupes, ¿Tienes dinero? Dijo al mismo tiempo que se llevaba la mano al bolsillo delantero derecho, donde el debía de tener su cartera. 
- Sí papá, tengo dinero, he cogido veinte euros de mi paga por sí hay algún imprevisto, la cena la cargan a la cuenta del club, como siempre. 
Me miró con ternura y sacó un billete de cincuenta euros de su cartera. 
- Llévate esto también por sí hay algún imprevisto, puede que luego vayáis a algún bar o discoteca y lo necesites, no te quiero oír rechistar.  
Lo único que hice fue darle un beso en la mejilla, coger el dinero, guardarlo el la cartera negra elegante a juego con mis zapatos que había elegido para la ocasión. Cogí el móvil, las llaves de casa, la documentación, y el resto del contenido de la cartera que solía llevar en el bolso, tarjeta de crédito y dinero en efectivo. 
Cogí la americana negra que me llegaba por algo menos de la cintura y que dejaba a mi vestido de gasa libre de cintura para abajo y bajé las escaleras principales que llevaban a la puerta de salida, mi padre iba detrás de mi pisándole los talones.  
Abajo en la puerta principal estaba mi madre, siempre tan elegante con su vestido de cachemir negro por las rodillas y a su lado el chofer, Luis, perfectamente uniformado, que en cuanto me vio bajar salió por la puerta a buscar el coche.  
Mi madre subió los últimos dos escalones de la escalera y me cogió las manos. 
- Estás preciosa, Ali, de verdad, pero deberías de ponerte la americana, hace algo de frío y no quiero que te constipes. Le entregué a mi madre mi cartera de mano y me puse la americana, ella me dio la cartera y tras una última mirada al espejo les di un beso en la mejilla a mis padres.  
- Alicia, - me llamó mi madre, yo me di la vuelta - no llegues muy tarde mañana es la graduación y necesitarás dormir algo para la fiesta que os espera.  
- Claro mamá. 
Y despidiéndome con un gesto de la mano les eché una última mirada, mis padres, siempre a perfectos, siempre serían ellos; pero estaba segura de que yo no volvería a ser la misma.