La
vida puede ser como la llama de una vela; puede moverse al son del aire que
haya a su alrededor, o simplemente arrasar con todo lo que se acerca a ella,
sin embargo la llama nos fascina y nos deslumbra, adornamos el exterior de la
misma con cristales para ver sus colores, o las formas en las que con esos
cristales la llama de la vela iluminará la estancia.
También
el fuego que prende la vela puede cambiar de color, dependiendo de donde se
halle el mismo la tonalidad es distinta… azul, rojo, naranja, verde… las
posibilidades son infinitas, la vida puede tener infinitas posibilidades. El color
de la llama podrá cambiar las veces que sea, pero seguirá siendo fuego, fuego
que nos calienta y protege, fuego que ocultamos al furioso viento para evitar
que se extinga, pero siempre fuego al fin y al cabo. Al igual que la llama, la
vida puede cambiar de un momento a otro, podemos adornarla, mejorarla o incluso
cambiarla por completo, pero seguirá siendo nuestra vida, una vida que nos
gusta y que disfrutamos cada minuto de ella, hasta el momento en el que ella
sola se extinga en un abrir y cerrar de ojos.
Y
cuando esta se extingue los que antaño la hemos compartido y hemos gozado con
su luz, lloramos la pérdida de la llama extinguida, al igual que se llora
cuando una vida se acaba.
MKS
MKS