Compañeros, amigos, familiares, profesores, hermanas… después de quince años juntos, año arriba, año abajo, hoy nos reunimos aquí para despedirnos los unos de los otros, y aunque esperamos que esta despedida sea un hasta luego y no un para siempre, muchos de nosotros no podemos evitar pensar que después de que el colegio acabe no volveremos a vernos y nuestros recuerdos se irán diluyendo hasta que no podamos recordar una voz, o incluso, una cara. Es inevitable pensar que el paso del tiempo irá erosionando esos recuerdos, los iremos perdiendo, e incluso muchos tropezaremos por la calle en veinte años y no nos reconoceremos.
Pero aunque este paisaje sea desolador siempre nos quedarán esos recuerdos que nunca se van, los más graciosos, los más especiales, las anécdotas de las excursiones, las del viaje a Italia, las de todos los viajes que hemos hecho a lo largo de nuestra vida. Todos los tutores que nos han visto crecer y formarnos como personas libres y conscientes, preparados para formar parte del mundo que nos rodea están aquí, con nosotros, orgullosos de la clase que ahora somos, gracias a ellos. Desde que entramos aquí con casi tres años hemos crecido juntos, hemos compartido tanto, que ahora no sé como expresarlo con palabras.
A modo de broma: Juro que he visto muchas películas de adolescentes sobre discursos de graduaciones, y como la gente se quejaba porque no sabía encontrar el tono adecuado, y vaya si tenían razón. De todas las frases que he escuchado me quedo con una: Ahora no es el momento de tomar decisiones, sino que es el momento de subirse al tren equivocado y perderse, de enamorarse, a menudo; de estudiar filosofía, porque es imposible hacer carrera en ella. Después de escuchar esta parrafada en una película podemos sacar esta conclusión: el conocernos a nosotros mismos no es una ciencia exacta y precisa que no admite fallos, sino que es una ciencia experimental de ensayo – error, en la que solo podremos ganar cuando sepamos de verdad lo que queramos hacer y que queremos hacer de nosotros mismos. Y personalmente quiero añadir que por muchos años que pasen o por muy lejos que la vida nos lleve, esta clase siempre quedará grabada en nuestros corazones, si bien puede que no sea por algo bueno, es bueno acordarse de que aquellos con quienes crecimos y hemos compartido nuestra vida durante los últimos quince años.
Estos últimos quince años, que han sido los más largos de nuestra corta vida, nos hemos caído muchas veces, nos hemos derrumbado, hemos querido mandar todo a la mierda; dejar de estudiar, no volver a ver a nadie… pero eso nunca ha pasado, y… ¿No creeís que hay un motivo?, yo creo que lo he encontrado, haber que os parece: nunca hemos abandonado porque siempre ha habido un amigo, una pareja, un profesor… que nos ha ayudado a levantarnos una y otra vez, no importa lo grande que haya sido el motivo que nos ha hecho caer, ellos nos han ayudado y nosotros hemos seguido para adelante. Puede que digan que no somos una clase unida, pero nunca nos hemos sentido solos, hemos tenido coraje y amigos, sobretodo mucho coraje, y sobretodo muchos amigos. Durante estos años y sobre todo en los años que vienen vamos a tener que luchar con coraje por nuestros sueños, algunos lo conseguiremos, los otros no, pero todos estamos igualmente asustados por el desconocimiento del futuro que nos aguarda, pero todos lo intentaremos y lucharemos con coraje por nuestros sueños, nuestras metas… porque el coraje no es la ausencia de miedo, sino el considerar que hay algo más importante que el miedo; puede que los valientes no vivan eternamente, pero los cautelosos no viven en absoluto, a partir de ahora iremos por un camino entre las personas que somos y las que querríamos ser, la clave es dejarse llevar durante ese viaje, y ese viaje que vamos a empezar es nuestra vida, nuestra vida adulta, con responsabilidades y derechos, nuestra vida siendo plenamente conscientes de nuestros actos.
Llegará un día que añoraremos todo lo que teníamos, y que ahora perdemos, pero esto no es una pérdida sin remuneración, es una pérdida que nosotros somos capaces de admitir, una pérdida que asumimos, y que al igual que nosotros nuestros padres y abuelos admitieron en su día; esta pérdida es nuestra inocencia ante la vida, nuestra disculpa por todo, el no tener la responsabilidad sobre nada; ahora seremos personas libres, maduras y con nuevas responsabilidades. Cuando seamos mayores y estemos rodeados de nuestros nietos les contaremos como era nuestro colegio, y puede que les digamos algo así: No sé si el colegio era exactamente como lo recuerdo, o si los profesores eran tan buenos o tan malos como quedaron en mi memoria. Lo que sí sé es que lo más importante que aprendí en aquellos días fue el valor de la amistad. Los amigos, siempre presentes, para bien o para mal, en las buenas y en las malas; son ellos, el recuerdo más nítido de aquellos días; y el amor, el primer amor, amor es amigos, no importa lo lejos que estén siempre los llevo conmigo; y sé que voy con vosotros porque lo que somos hoy está presente en lo que fuimos. A vosotros, amigos del alma, os doy gracias por siempre. Porque hicisteis que aquella época de caminar por el mundo con el corazón abierto, haya sido un lugar mejor donde esperar la vida.
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